sábado, 20 de septiembre de 2014

Las respuestas del tiempo.




Como cartas escritas bellamente,

las historias comienzan

entre buenas palabras

y un corazón sacado de los libros.

En vosotros aprendo que la vida

tiene menos que ver con los principios

que con la dignidad de los finales.

Luis García Montero.

Afirmar que me quedan dos días huele a sentencia de muerte. Todavía no, pero casi. Fumo porque de algo hay que morir, pongo mi conciencia a punto de ebullición pensando si ese es mi lugar. ¿Hacia dónde estoy dirigiendo mis pasos? Quizá no, pero me cobijo en la esperanza de que sí, que este es mi camino, que esto es por lo que he estado luchando contra “lo que se espera de mí” tanto tiempo. Por vez primera, he puesto el corazón y no la cabeza entre los libros y me he dado cuenta de la probabilidad de que sea esto lo que me llene, que he batallado a pecho descubierto contra los “Eres una chica de letras, no intentes engañarte” inútilmente y han vencido los de todos los cuentos, los buenos. Me aislé de mi misma para poder encontrarme, me he perdido en bosques que nunca habría transitado de no ser porque le grité a Caperucita “¡Insensata!” y me fui por el camino “bueno”, el que “se esperaba de mí”. De manera omnipresente, me he colocado en todos y cada uno de los supuestos que podrían haber sido, pero no fueron, me colgué de todas las ramas de un árbol buscando seguridad y comodidad sin saber que mi sitio correcto estaba en una estantería llena de polvo y olor a libro antiguo. Fui víctima de todo aquello que acabaría una mañana calurosa entre quienes conocían –y me habían insistido hasta la saciedad- el tren en el que me tenía que subir.

                Me metieron entre todos dentro de ese tren, haciendo salir a la luz todo aquello que estaba escondido debajo de tanta rama, todo por lo que he sido siempre así, todo por lo que escribo, sacaron de mí la estantería de mi futuro y no pude –o no quise- darme cuenta de ello hasta que el revisor pitó, se cerraron las puertas, y se abrieron las ventanas por las que entró el viento que alejó de mí el eco de todo eso que “se esperaba que hiciese”.

                Sé quién soy y dónde van mis pasos. Mi andadura comienza en dos días.

                Os escribiré.

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