Como cartas escritas bellamente,
las historias comienzan
entre buenas palabras
y un corazón sacado de los libros.
En vosotros aprendo que la vida
tiene menos que ver con los principios
que con la dignidad de los finales.
Luis García Montero.
Afirmar que me quedan dos días huele a sentencia de muerte.
Todavía no, pero casi. Fumo porque de algo hay que morir, pongo mi conciencia a
punto de ebullición pensando si ese es mi lugar. ¿Hacia dónde estoy dirigiendo
mis pasos? Quizá no, pero me cobijo en la esperanza de que sí, que este es mi
camino, que esto es por lo que he estado luchando contra “lo que se espera de
mí” tanto tiempo. Por vez primera, he puesto el corazón y no la cabeza entre
los libros y me he dado cuenta de la probabilidad de que sea esto lo que me
llene, que he batallado a pecho descubierto contra los “Eres una chica de
letras, no intentes engañarte” inútilmente y han vencido los de todos los
cuentos, los buenos. Me aislé de mi misma para poder encontrarme, me he perdido
en bosques que nunca habría transitado de no ser porque le grité a Caperucita
“¡Insensata!” y me fui por el camino “bueno”, el que “se esperaba de mí”. De
manera omnipresente, me he colocado en todos y cada uno de los supuestos que
podrían haber sido, pero no fueron, me colgué de todas las ramas de un árbol
buscando seguridad y comodidad sin saber que mi sitio correcto estaba en una
estantería llena de polvo y olor a libro antiguo. Fui víctima de todo aquello
que acabaría una mañana calurosa entre quienes conocían –y me habían insistido
hasta la saciedad- el tren en el que me tenía que subir.
Me metieron entre todos dentro
de ese tren, haciendo salir a la luz todo aquello que estaba escondido debajo
de tanta rama, todo por lo que he sido siempre así, todo por lo que escribo,
sacaron de mí la estantería de mi futuro y no pude –o no quise- darme cuenta de
ello hasta que el revisor pitó, se cerraron las puertas, y se abrieron las
ventanas por las que entró el viento que alejó de mí el eco de todo eso que “se
esperaba que hiciese”.
Sé quién soy y dónde van mis
pasos. Mi andadura comienza en dos días.
Os escribiré.